Elconfidencial.com - 4 Junio
Algunos la conocen como cláusula Zambia porque el país africano ya recurrió a ella. Se trata de la posibilidad que concede el Fondo Monetario Internacional (FMI) de agrupar todos los pagos que le debe realizar un país en un mes en un único desembolso que se puede realizar el último día. Todo indica que en adelante también se le podrá llamar cláusula Grecia, porque Atenas ya ha pedido formalmente al FMI acogerse a esa opción, algo que el organismo dirigido por Christine Lagarde no ve con malos ojos.
De este modo, el Gobierno de Alexis Tsipras busca ganar tiempo. Este viernes tendría que pagar 300 millones al FMI y entre el 12 y el 19 de junio, otros 1.300 millones. Agrupando todos los pagos buscaría llegar a final de mes... literalmente, porque retrasaría hasta el 30 de junio el pago único de esos 1.600 millones. Vamos, que Atenas ya le ha dicho al FMI que por ahora no ejecutará el pago fijado para el 5 de junio.
Con esta nueva patada hacia adelante, las negociaciones entre Atenas y los acreedores, un grupo formado por los países del euro, el Banco Central Europeo (BCE) y el FMI, contarían con algo más de tres semanas de margen para encontrar de una vez por todas un acuerdo que evite un auténtico accidente financiero. Porque ese mismo 30 de junio de también vence la prórroga de cuatro meses que Europa concedió a Grecia el pasado 20 de febrero. Entonces, dio el visto bueno a prolongar hasta el 30 de junio el segundo rescate que recibió el país heleno, que vencía el 28 de febrero tras haber sido alargado ya con anterioridad durante dos meses más de lo previsto inicialmente.
Mucho que debatir
Y aunque prácticamente se han consumido ya esos cuatro meses de gracia, ambas partes no dejan de constatar que sus posturas siguen alejadas. Tsipras, por un lado, ha reiterado este jueves que "la única propuesta realista y constructiva que hay sobre la mesa" es la de Grecia. Los acreedores, por otro lado, encuentran que Atenas aún no está ofreciendo lo suficiente con su propuesta. "Las diferencias son todavía bastante grandes", ha constatado este jueves el presidente del Eurogrupo, Jeroem Dijsselbloem.
El primer ministro griego ha marcado claramente dónde están las mayores fricciones: en las pensiones y en el IVA. Se resiste a aceptar una rebaja en las primeras, sobre todo para los pensionistas con menores ingresos, y un incremento de 10 puntos en el IVA de la electricidad. Sí asume como positivo que los acreedores hayan suavizado sus exigencias con respecto al superávit fiscal primario que debe lograr Grecia. De hecho, esta concesión es la que puede actuar como punto de partida para sentarse a negociar de verdad y sellar el acuerdo definitivo.
Porque ese acuerdo sigue siendo imprescindible. Si se sella, los acreedores desbloquearían los 7.200 millones de euros que quedan pendientes de entregar a Grecia y que están supeditados a que cumpla con las reformas y las medidas requeridas. Y lograría otros 10.900 millones vinculados a la recapitalización de la banca helena. Con ese dinero, Atenas podría afrontar el 30 de junio el pago de esos 1.600 millones y devolver también los 4.000 millones que tendrá que entregar en julio al BCE y el FMI.
Pero si ese acuerdo se sigue resistiendo, Grecia tendría muy difícil reunir los 1.600 millones que necesita en julio e imposible contar con los 4.000 millones precisos para agosto. Entonces, el impago -default- sería un hecho, junto al que emergería la necesidad de imponer controles de capitales -corralito- y todo ello sembraría el terreno para la salida de Grecia del euro -Grexit-. Supuestamente, esta es la opción que nadie quiere. Pero la cuenta atrás continúa en marcha. Y cuanto más se retrasa el acuerdo, mayor es el peligro de que se acabe produciendo.
De este modo, el Gobierno de Alexis Tsipras busca ganar tiempo. Este viernes tendría que pagar 300 millones al FMI y entre el 12 y el 19 de junio, otros 1.300 millones. Agrupando todos los pagos buscaría llegar a final de mes... literalmente, porque retrasaría hasta el 30 de junio el pago único de esos 1.600 millones. Vamos, que Atenas ya le ha dicho al FMI que por ahora no ejecutará el pago fijado para el 5 de junio.
Con esta nueva patada hacia adelante, las negociaciones entre Atenas y los acreedores, un grupo formado por los países del euro, el Banco Central Europeo (BCE) y el FMI, contarían con algo más de tres semanas de margen para encontrar de una vez por todas un acuerdo que evite un auténtico accidente financiero. Porque ese mismo 30 de junio de también vence la prórroga de cuatro meses que Europa concedió a Grecia el pasado 20 de febrero. Entonces, dio el visto bueno a prolongar hasta el 30 de junio el segundo rescate que recibió el país heleno, que vencía el 28 de febrero tras haber sido alargado ya con anterioridad durante dos meses más de lo previsto inicialmente.
Mucho que debatir
Y aunque prácticamente se han consumido ya esos cuatro meses de gracia, ambas partes no dejan de constatar que sus posturas siguen alejadas. Tsipras, por un lado, ha reiterado este jueves que "la única propuesta realista y constructiva que hay sobre la mesa" es la de Grecia. Los acreedores, por otro lado, encuentran que Atenas aún no está ofreciendo lo suficiente con su propuesta. "Las diferencias son todavía bastante grandes", ha constatado este jueves el presidente del Eurogrupo, Jeroem Dijsselbloem.
El primer ministro griego ha marcado claramente dónde están las mayores fricciones: en las pensiones y en el IVA. Se resiste a aceptar una rebaja en las primeras, sobre todo para los pensionistas con menores ingresos, y un incremento de 10 puntos en el IVA de la electricidad. Sí asume como positivo que los acreedores hayan suavizado sus exigencias con respecto al superávit fiscal primario que debe lograr Grecia. De hecho, esta concesión es la que puede actuar como punto de partida para sentarse a negociar de verdad y sellar el acuerdo definitivo.
Porque ese acuerdo sigue siendo imprescindible. Si se sella, los acreedores desbloquearían los 7.200 millones de euros que quedan pendientes de entregar a Grecia y que están supeditados a que cumpla con las reformas y las medidas requeridas. Y lograría otros 10.900 millones vinculados a la recapitalización de la banca helena. Con ese dinero, Atenas podría afrontar el 30 de junio el pago de esos 1.600 millones y devolver también los 4.000 millones que tendrá que entregar en julio al BCE y el FMI.
Pero si ese acuerdo se sigue resistiendo, Grecia tendría muy difícil reunir los 1.600 millones que necesita en julio e imposible contar con los 4.000 millones precisos para agosto. Entonces, el impago -default- sería un hecho, junto al que emergería la necesidad de imponer controles de capitales -corralito- y todo ello sembraría el terreno para la salida de Grecia del euro -Grexit-. Supuestamente, esta es la opción que nadie quiere. Pero la cuenta atrás continúa en marcha. Y cuanto más se retrasa el acuerdo, mayor es el peligro de que se acabe produciendo.
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